Castilla
Paisajes, pueblos y gentes bajo la mirada de la Generación del 98
Hay paisajes que no solo se contemplan: se recuerdan. Hay objetos que, aunque olvidados por el tiempo, conservan la memoria de quienes los construyeron, los utilizaron y convivieron con ellos. Castilla es uno de esos lugares donde el paisaje, la arquitectura popular y la vida cotidiana forman parte de un mismo relato.
La obra de David Moreno (Plasencia, 1982) nace precisamente de esa mirada. Sus pinturas y ensamblajes no buscan representar únicamente un territorio, sino revelar la historia que permanece oculta en una madera desgastada, en una puerta antigua, en un tejado, en una herramienta o en un fragmento de pared rescatado del olvido. Materiales humildes que, transformados por la sensibilidad del artista, recuperan su voz y encuentran un nuevo significado.
Arquitecto de formación, David Moreno entiende cada obra como un proceso de construcción. Selecciona cuidadosamente materiales encontrados en el entorno rural —maderas, telas, cartones y objetos marcados por el paso del tiempo— y los integra en composiciones donde pintura y materia dialogan de forma inseparable. Las huellas del uso, las grietas, las texturas y las imperfecciones dejan de ocultarse para convertirse en parte esencial de la obra, porque son ellas las que hablan de la memoria del territorio.
Las obras que integran esta exposición, bañadas por una luz serena y una paleta de tonos terrosos, proponen una mirada pausada sobre Castilla. Junto a los amplios horizontes aparecen puertas centenarias, fachadas en ruina, muros desconchados, ventanas y otros fragmentos de la arquitectura popular que, aislados de su contexto, adquieren una sorprendente dimensión plástica. Como si el artista dirigiera la mirada hacia aquello que suele pasar inadvertido, cada veta de la madera, cada grieta y cada textura se convierten en protagonistas de la obra. Son huellas del tiempo que hablan de quienes habitaron esos lugares y que transforman lo cotidiano en una experiencia de contemplación.
Esa forma de mirar enlaza con la sensibilidad de los escritores de la Generación del 98, que encontraron en Castilla un lugar desde el que reflexionar sobre la identidad, la memoria y la condición humana. Unamuno, Azorín, Machado, Baroja o Ganivet descubrieron en sus pueblos, caminos y campos una belleza esencial, alejada de lo grandioso y profundamente ligada a la vida cotidiana. Sus palabras acompañan este recorrido porque dialogan con las obras de David Moreno desde una misma emoción: la de quien sabe descubrir lo extraordinario en aquello que parece sencillo.
Quizá esa sea también la invitación de esta exposición: detener el paso, mirar con calma y descubrir que el verdadero patrimonio no solo habita en los grandes monumentos, sino también en los paisajes, los pueblos, los objetos y las huellas que el tiempo ha dejado sobre ellos.
Porque cada madera recuperada, cada textura y cada paisaje nos recuerdan que la memoria de un pueblo también puede contarse a través del arte.
«Yo tengo una profunda simpatía por los tejados. Yo amo los tejados viejos, los tejados silenciosos…»
Azorín
- Organiza
- A.C. Infante don Juan Manuel
- Comisariado
- Antonio Barriga Sierra
- Colabora
- Ayuntamiento de Belmonte