En una misma turquesa forjaron a Caballero y escudero, como suponía el cura. Lo más grande y más consolador de la vida que en común hicieron, es el no poderse concebir al uno sin el otro, y que muy lejos de ser dos cabos opuestos, como hay quien mal supone, fueron y son, no ya las dos mitades de una naranja, sino un mismo ser visto por dos lados. Sancho mantenía vivo el sanchopancismo de Don Quijote y este quijotizaba a Sancho, sacándole a flor de alma su entraña quijotesca. Que aunque él dijera «Sancho nací y Sancho pienso morir», lo cierto es que hay dentro de Sancho mucho Don Quijote.